Hace cinco mil años ya lo sabían. Veda, egipcios, daoístas, estoicos, toltecas: no hacían autoayuda, no pensaban en positivo. Hacían mantenimiento de la máquina: reparaban el cuerpo, restablecían la energía, y después ponían mano en la mente. En ese orden. Siempre.
Yo pasé años decodificando ese sistema, y llevándolo adonde hace falta: no al monasterio, no al retiro. Aquí. En el tráfico, en las facturas, en las relaciones difíciles, en el barro de la vida real.
Y hay algo que hay que decir claro: yo no enseño las competencias. Cómo se invierte, cómo se comunica, cómo se come: ese es el oficio de los expertos. Yo trabajo DEBAJO de las competencias: en los programas que deciden si las vas a usar. Es el piso que nadie vigila, y es el piso que lo decide todo.